2019 11 12

En mi post de hace unos días en el que proclamaba mis votos a la democracia que impera en nuestro hermoso país, hincando la rodilla como Joaquín Sabina ante su musa de toda la vida; sabía de mi destino:

¡La guillotina!

Leo por ahí, en ciertos medios (que no los miedos de ahora): “¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonan millones otros caen en la degradación y la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizadas en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición con las de la naturaleza, y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, la libertad, el bienestar”. George Engel.

Yo no soy ni anarquista ni antisistema ni pertenezco a ningún sindicato ni a ninguna secta… Pero me espera el silencio entre un montón de gente si quiero llegar a los cincuenta.

Me recuerda a 1984 de Orwell y una canción de Second: 2502

El caso es que de todo lo que ha pasado en España en estos días, lo que más me sorprende de todo son los 120 diputados que hacen sobrevivir a un señor que en el barrio de Pajarillos de Valladolid le “echaron a patadas”, casi literalmente.

Los personajes deberían desistir. No son personajes de manga. Sasuke sobrevivió para cagarla y después redimir sus pecados en el exilio. Si lo hacen los personajes de ficción, por favor, tomen nota señores diputados. Ustedes ya la han cagado, a los hechos me remito. Llevamos una época muy malita entre funciones y defunciones varias. https://verne.elpais.com/verne/2019/07/26/articulo/1564160425_595576.html que no se había visto nunca en España. Ya han hecho historia, si eso es lo que pretendían (también la hizo Franco, Napoleón y Cleopatra). Ahora toca el exilio tibetano para que el silencio, ese concepto que por no practicarlo les cansa tanto y hace meter tantos gazapos; les envuelva y les quede en paz y con ello la de todos los ciudadanos.

Los otros 52 son causa-efecto de tanta palabrería barata. Su único discurso le predico yo desde la guillotina: ¡Viva España!

Claro que sí, serán mis últimas palabras, como han sido las primeras desde siempre. Pero sin cánticos de posguerra, sin copas que brinden demasiado alto, sin corbata (para eso tengo la madera de la guillotina) … Yo soy más de los Nadal, de “las guerreras”, de los “hispanos” y de la ÑBA… Soy más de Seguridad Social al alcance de todos, de Educación Pública de calidad, de Bibliotecas Públicas accesibles o del arte español sin un IVA excesivo, desde Velázquez o Dalí pasando por Miguel Delibes y culminando con Cesar Pérez Gellida.

Llámame loco y que ¡Viva España, por mis santos c…! pero sin personajes tan cómicos como los que hemos hecho que nos representen. Seguro que hay una alternativa mejor a lo que estamos haciendo. Yo sólo soy un obrero del metal cuyos compañeros son vallisoletanos, asturianos, puertorriqueños, rumanos, búlgaros y ecuatorianos de los cuales estoy orgulloso y con los que me canso demasiado en el trabajo como para también, arreglar este desastre que han dejado aquellos personajes.

Se lo encargo desde el púlpito que me han hecho para que suba a mi guillotina, aunque no tenga ni idea ¿en qué consiste mi crimen? Debí teletransportarme antes 2502.

Bon dia!!

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